THE MASTERMIND, ¿MASTERPIECE?


 

 






Un ser rodeado de arte, un avión de papel atravesando salas de una pinacoteca pública, el chiste de una nutria a medio contar. Nos reímos pero no sabemos de qué, ¿qué estamos viendo? Una familia pasando el fin de semana, el silencio, los movimientos lentos de los espacios culturales, un pequeño hurto -inesperado-, la suavidad de lo cotidiano, pero, ¿qué ocurre en realidad?


Vemos objetos aislados en el espacio, contemplaciones banales de cosas, de objetos construidos para ser vistos; una película hecha como un cuadro, como un paisaje. En medio, alguien con tiempo libre, envuelto de una enorme naturalidad. Todo parece inofensivo, las imágenes suaves nos llevan a una sensación placentera. Se trata de un vintage geométrico, de un ejercicio de estilo, mas, ¿sólo es un formalismo, una apariencia?


 
 
Alguien planea robar cuadros de. Pide un préstamo a su madre: la música anuncia la ficción, ¿qué hemos visto hasta ahora? Xilófonos, bajos, una trompeta. Alguien va en una bici, alguien roba un coche. Un error y una ausencia desajustan el mecanismo. Un ritmo particular, una atmósfera perfecta. Estamos en 1970 y un poli se pone a comer un sandwich muy cerca de nosotros; no es el mejor momento.
 

Las películas de ladrones siempre son artefactos antisistema, sistemas narrativos llenos de provocación, de una pulsación interna muy secreta que se va abriendo. Romper la legalidad, abatir la decencia. La desobediencia civil en la mente. Un país en guerra o en vía de cometer un genocidio. Una sociedad politizada, víctima de sí misma y un individuo ajeno a los problemas mundiales: un ser con tiempo libre es el elemento más peligroso para un sistema basado rígidas inercias.

Kelly Reichardt crea un vacío-fílmico, una sala de silencio. Son tiempos extraños llenos de ruido pero, ¿y si nos detenemos a escuchar la melodía de la vida? La realidad parece un museo, todo es una apariencia colgada de sí misma, ¿es la vida una especie de exposición donde algunos deciden tomar lo que quieren y otros simplemente miran o pasean su aburrimiento?

El arte acaba escondido en una pocilga, una caja de madera escondida en el altillo de una granja. Subir y bajar una escalera, una y otra vez, ¿por qué la película nos obliga a observar todo este proceso? En su película Old Joy (2006), la cineasta hace lo mismo: obliga a recorrer el viaje, a imaginar las intenciones del transcurso, a sentir el tiempo como posibilidad o vacío. Todas sus películas exploran un minimalismo de las formas que nos lleva a la austeridad estética, al aislacionismo. 

La película está llena de espejos porque la ficción funciona como una proyección de a existencia, ¿qué es una película en realidad? Movimientos, colores, tiempo sellado. Ordenación del azar. ¿No se tratará en definitiva de una venganza de la figuración contra lo abstracto, un manifiesto en pos de las formas humanas? El cine, en vivo, sustituyendo a la vieja pintura, un film noir muy smoothy.

Coches solitarios en medio de planos vaciados; desear un mundo a lo Hooper mientras los museos muestran vaguedades artificiosas, retratos insanos, caballos y perros descontextualizados. Coches, robos, serie B. Silencio: el vacío y el silencio son las dos armas de una película misteriosa, extraña, un film de envidiable factura, lento a ratos, en otros sublime, que nunca se vende al argumento y que prefiere iluminarse a ser entendido. Retrato de una época analógica en torno a unos cuadros de Arthur Garfield Dove (1880-1946), un artista que nació en una granja y que empezó pintando en los trozos de tela sobrante de otros pintores.

 

Se trata de un artista minimal, un colorista de la síntesis lleno de organicidad, de luz, de formas simples. ¿Se trata de homenaje o de un diálogo sin retorno? Dove, un artista que intentó serlo pero que dio de bruces con la realidad económica, acabó reculando al campo y dejando su pasión por la pintura para su tiempo libre. Tal vez Reichardt recoge este modelo de creador para aplicarlo al protagonista de la película: un ladrón amateur que ejerce su pasión -planear robos- en su tiempo libre.


Dove cree en lo espiritual del arte, es un fauvista, alguien que se enfrenta a la tradición por un lado y por otro, al capitalismo. El arte es la escusa para obligarse a vivir de otra manera. Alfred Stieglitz, el legendario fotógrafo y galerista le ayudó a desarrollar sus ideas sobre pintura y a partir de 1910, se convertirá en el primer abstracto norteamericano. Luego vendrían otros. Luego, -treinta años después- la pintura norteamericana vaciaría la cultura de figuración, se quedaría con la mancha. Todo esto lo inventará el crítico cultural Clement Greenberg, pero esa ya es otra historia.

 

A lo largo de su vida, Dove demostró que lo más importante era vivir de otra manera para pintar de otra manera, de hecho, una de sus peculiaridades existenciales fue la de vivir en una casa flotante durante años, lugar donde pintó los cuadros más extraños e importantes de su vida. Si volvemos a la película, nos damos cuenta que Reichhardt realiza un juego de espiritismo e induce al protagonista a vivir de otra manera para no tener que entrar en la noria social, en la formalidad social. Todo le conduce a un equívoco, a una paradoja de huida emparentada con el Murphy de Beckett, con Pickpocket de Bresson y con toda esa ruta del cine de serie B tan poco conocida que aún, para curiosos y valientes como Reichardt, es todo un mundo de tesoros.

 

Definitivamente, la película se emparenta -en cierta manera- con Puro Vicio de Thomas Anderson, e incluso con El fuego fatuo de Malle, pero, ¿no es la película una mera tentativa hedonista y no tanto un cuento moral como pretende el final -poco gustoso- del film? ¿Estamos encerrados en una jaula de cristal? ¿Es la moral tan importante como para definir el destino del personaje? ¿Qué papel encarna la verdad en un film sobre el engaño, sobre el idealismo mantenido por un astuto fingidor? El tipo de resistencia que muestra el protagonista es quizás la clave del film: una película antisistema de apariencia realista, una peli entretenida que nos roba la esperanza, ¿por qué no puede triunfar el pequeño ladrón y sí el grande? ¿Por qué Reichardt decide educar al público en vez de hacerle reír o darle placer? ¿Por qué destruir una obra maestra por un pobre sentimiento de culpa? ¿Por qué arrepentirse cuando has estado tan cerca de tocar la gloria?






Comentarios

Entradas populares