Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin (2019) - HERZOG AUTOBIOGRÁFICO
Nomad: In the Footsteps
of Bruce Chatwin
2019
WERNER HERZOG
Afirma Herzog que este film no es una biografía de Bruce Chatwin y aunque en cierta manera sí lo es, se puede entender mejor como capítulos sueltos de una autobiografía anticipada que, en realidad, comenzó el día en el que el cineasta alemán se empeñó en filmar el mundo, ¿pero qué tipo de mundo filma Herzog?
Bruce Chatwin fue un escritor inglés de mediados del siglo XX que exploró lugares exóticos del mundo para desarrollar ficciones fantásticas que unían tradiciones y culturas distantes. Fue subastador profesional de arte, estudiante fracasado de arqueología y por fin viajero. Mitificó el arte de caminar y perfeccionó el oficio de contar historias, llegando a un nivel de verosimilitud que hacía innecesaria la correlación real. Todo esto explica su conexión con Werner Herzog, un cineasta viajero amante de experiencias extremas que reconstruye el mundo en cada una de sus películas para hacerlo más bello, dejando a un lado lo vulgar y conectando todo lo extraño y extraordinario que respira entre nosotros.
Chatwin y Herzog podrían ser la misma persona, de hecho, el espíritu con el que afrontan sus obras es casi idéntico. Uno escribe y otro filma, aunque al ahondar en sus procesos, los personajes vuelven a hibridarse: ambos usan la escritura y también la imagen. Chatwin es un magnífico fotógrafo -más allá de lo etnográfico- y Herzog es un notable escritor -más allá del cine-. Ambos se obsesionan por lo extraño: Chatwin, en su adolescencia, se prendó por una supuesta piel de brontosaurio que tenían sus abuelos y Herzog, por unos pequeños lagartos comedores de hormigos cuyas escamas son pinchos afilados. Ambos amaban lo raro y ambos se inventaban parte de la realidad para que tuviera sentido dentro de su relato.
Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin (2019) es una película multiforme en la que el factor paisajístico se desarrolla de una manera amplia, creando postales de espacio que nos transportan a los planetas mentales que Herzog atraviesa buscando entre su memoria restos de Chatwin. En cierta manera, esta especie de Vidas Paralelas plutarquiana -lo que la convierte en una peli construida sobre cierto clasicismo- está emparentada directamente con varias obras de Herzog como Encuentros en el fin del mundo (2007), Lecciones de oscuridad (1992) o La cueva de los sueños olvidados (2010). Y es que la filmografía de Herzog merece un análisis exhaustivo para descubrir el puñado de formatos que baraja en su abultada lista de títulos. Todas las películas de Herzog no son iguales: están las ficcionales, las comerciales, los documentales televisivos, los cortos, los documentales ficcionados o míticos y las películas de metraje ajeno. Este último formato es en el que mejor se mueve el cineasta alemán, ordenando bellas imágenes creadas por aventureros legendarios como el matrimonio Krafft o el inolvidable Timothy Treadwell.
Nada de esto tiene que ver -en un principio- con Bruce Chatwin, pues todas las imágenes que vemos en el film son del cineasta. la cuestión es que Herzog -entre otras cosas- es un buscador de personajes-perla, o sea, de outsiders brillantes que hacen que el mundo gire de otra manera. Así se entiende que este gran homenaje al novelista inglés -que además fue su amigo- es una película de personaje-encontrado, un tipo de film donde la persona se convierte en cine a través de la idealización que Herzog hace del ser y de su historia, construyendo una novela paralela que genera un relato mayor y quizás más interesante que la propia literatura de Chatwin.
Werner Herzog es aún uno de los cineastas más importantes del planeta, un artista que ha construido su carrera a base de trabajo y sencillez, siendo tal vez el más austero de los cineastas y el más hábil de los narradores. Su falta absoluta de complejos, su carencia absoluta de miedo y su gusto infinito por acompañar al relato hasta cerrarlo en un círculo coherente, le convierten en un auténtico fabulador lleno de herramientas y artimañas para conseguir que se materialicen sus ideas a través de los demás. No hay que explicar que su cine es un cine puramente colaborativo donde él va guiando a los hechos, hipnotizándolos hasta darles una forma u otra hasta llegar a la cima.
Cuenta que fue él quien filmó a Bruce Chatwin durante los últimos días antes de su muerte, cuando el novelista -enfermo de SIDA- agonizaba sin poder parpadear. Parece ser que el escritor practicó la bisexualidad toda su vida a pesar de estar casado con Elizabeth Chanler desde los 25 años. Lo que no cuenta la película es que esta señora llegó a abandonarle tras quince años de infernal matrimonio, cansada de sus regulares infidelidades. Tampoco se cuenta que los contactos con la alta sociedad inglesa le reportaron protecciones de mecenas y refugios de lujo en todo el mundo. El aventurero salvaje e indómito que pinta Herzog no es del todo así. A Herzog le encanta retratar a sus personajes como lo hacía Joseph Conrad o Rudyard Kipling. Busca una nitidez, una sencillez que borra las oscuridades y saca a flote la leyenda, la cuál, muchas veces, se hace ambigua.
La cosa es que Herzog alimenta su propia estela con la de sus personajes hasta adentrarse personalmente en el relato y deambular entre las imágenes viviendo como una ficción más carente de límites y fascinación. Herzog actúa como un iluminado vomitando mensajes extraordinarios y abriendo grietas entre dimensiones. Cuenta la experiencia de su rodaje en Cerro Torre: Schrei aus Stein, una película sobre el ascenso a una montaña, en la que él y su equipo estuvieron a punto de morir. Herzog cuenta que ese día llevaba una mochila de cuero que le regaló Bruce Chatwin. El protagonista d ela película lleva la mochila también. Herzog ha hecho coincidir hechos dispares entre la realidad y la ficción y ha conseguido fundirlos hasta hacerlos indistinguibles.
Experiencias cercanas a la muerte, amistades extremas y paseos infinitos recorren sus mejores películas, dando forma al mito del cineasta aventurero que, a día de hoy, se ha convertido en una especie de gurú-buda asentado en Los Ángeles, donde estrellas famosas le visitan para poder estrechar su mano.
En Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin (2019) se cuenta la relación entre los dos artistas, las adaptaciones que Herzog hizo de los libros de Chatwin, las visitas del escritor a los rodajes del alemán y la simpatía profunda de dos seres de la misma especie que dedicaron su vida a lo mismo: vivir la aventura de los desconocido envueltos en la mistificación de la muerte como único canal de lo verdadero.
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