TODO ES MÁS DULCE SI APROVECHAS LA OPORTUNIDAD
Bobby Deerfield
Sydney Pollack
1977
Sydney Pollack
1977
Al Pacino pasó velozmente de ser un joven actor naturalista que interpretaba a un yonki en 1971, a convertirse en un mafioso heredero de mil venganzas y maldiciones que le dio la gloria universal. Como todos entenderán, hablamos del El Padrino (1972), tercera película de Al Pacino que sólo tenía 32 años, aunque a los milenials les parezca esta edad ya un declive. Bueno, la vida no es así. La cuestión es que tras el éxito, muchos otros actores no vuelven a remontar o se montan a la grupa de producciones comerciales simplonas hasta que acaban desapareciendo. Muy a la contra de esto, Al Pacino comienza una deriva de cine social que marcará su primera época y le acercará al público de una manera íntima -alejado de su faceta mafiosa- con films como Espantapájaros, Serpico, Tarde de Perros, Justicia para todos o A la Caza (Cruising), todas ellas fantásticas películas sobre problemáticas realistas de un mundo capitalista disforme y cruel en el que un nuevo tipo de héroe intenta poner las cosas en su sitio a través de una visión humana.
Entremezclada en ese brillante arranque de carrera cinematográfica, Pacino protagoniza una película en 1977 muy poco conocida titulada Bobby Deerfield. Este film inaugura -de alguna manera- otro tipo de héroe que Pacino desarrollará -en el futuro- en otras muchas películas, lejos de la intensidad y el idealismo, instalándose en los campos de la depresión y la desesperanza, que marcarán a un antihéroe moderno cercano al Leopold Bloom de Joyce o los personajes de Beckett -e incluso a los esperpénticos de Valle Inclán-, apesadumbrado, taciturno, enigmático. Películas de los 80' como Autor, Autor, Melodías de una seducción, The local Stigmatic e incluso -si estiramos hasta los 90'- Frankie y Johnny o Esencia de mujer desarrollan este tipo de personaje moderno que Pacino supo inventar y mantener el tiempo de una manera muy peculiar y sutil.
En 1977 se estrena Bobby Deerfield, dirigida por Sydney Pollack, un joven actor y cineasta que había trabajado intensamente desde finales de los 50' dentro del ámbito de la televisión y que saltó -a mediados de los 60'- al mundo del largometraje apoyado en la confianza de grandes estrellas: Sydney Poitier, Robert Mitchum, Robert Redford, Burt Lancaster, Natalie Wood, Jane Fonda o Barbra Streisand, quienes buscaban nuevas voces, nuevos cineastas. En esa época, Pollack representaba en el cine norteamericano un soplo de aire fresco en medio de un Hollywood atenazado por las crisis y la evolución del espectáculo y el público. Pollack supo leer de forma oportunista los aprendizajes de la Nouvelle Vague francesa y los aplicó a un sistema de estudios que le dio luz verde y que vio cómo impregnando una pátina de ingenio y fervor a películas mainstream, la cosa podría funcionar y -efectivamente- así le fue con clásicos como El nadador (1968) o They Shoot Horses, Don't They? (1969), clásicos irregulares que sobreviven aún hoy gracias a ciertos matices y auras de vanguardia, a ciertos detalles copiados por Pollack de las nuevas olas europeas.
La cuestión es que al estrenar Bobby Deerfield todo cambia. Aparece Al Pacino en el mundo Pollack y todo se llena de seriedad y miradas ambiguas. Todos empiezan a preguntarse, ¿quién es Bobby Deerfield? De alguna manera Pacino ya arrastra un puñado de personajes que aquí sintetiza y distribuye según las secuencias: a veces parece discutir con la severidad de Michael de El Padrino, otras parece encarnar el rol pseudo-homosexual que años después empleará en Cruising, envuelto en un mundo de referencias dispares creado por Pollack donde se mezclan cuadros de Matisse, obras de arte contemporáneo, colecciones de fotografías en blanco y negro, y distintos tonos de película que Pollack -de una forma random- va desarrollando: de ambiente mágico-cutres a lo Cassavettes, a lúgubres momentos muy de Fassbinder, hasta sorpresivos roadtrips muy a lo Godard con momentos especiales, fulgurantes.
Bobby Deerfield es una película muy irregular llena de tesoros a la que le sobra media banda sonora, totalmente caprichosa e incompatible. Bobby Deerfield es un viaje de la mente a través de Alemania, Francia e Italia -con un destino paradójico en España- donde el amor se convierte en una salvación. Bobby deerfield es una especie de poema en prosa que habla de la muerte con el cabello de la amada suspendido en la mano. Bobby Deerfield es una película que te engaña pues es como el amor: un lugar llenode conejos y tortugas, de libros de Saint-Exupery donde la muerte es filmada en directo más nunca descifrada. Bobby Deerfield es una especie de Blow-up (1966) de Antonioni pasada por el filtro de Pollack, una especie de remember de película experimental que acaba por no serlo, un intento de subir un escalón, fallido e imposible para un cineasta como Pollack, cuya virtud es copiar estilos complejos y convertirlos en algo más diluido, más potable. Podemos decir que Pollack es un cineasta-depuradora, un cineasta-filtro. Un copión con gusto que de vez en cuando le salen las cosas y que domina el relato clásico como el mejor.
Bobby Deerfield está basada en la famosa novela El cielo no tiene favoritos de Erich Maria Remarche, sobre un piloto de carreras obsesionado por un accidente mortal. En su búsqueda de la verdad, el piloto se convertirá en detective, en aventurero, en un ser entregado a los misterios y al paisaje y que -muy pronto- descubrirá una obsesión por encima de la muerte, la cuál le llevará al caos existencial. Por eso Bobby Deerfield -vista desde 2026- es una película contemporánea, llena de personajes analíticos e incompletos dentro de un relato inconexo y versátil que se dirige en múltiples direcciones como lo hacen los globos aerostáticos, víctimas de los caprichos del viento.
Bobby Deerfield es un canto al amor por la locura, por lo extravagante, un canto al instinto, a escuchar al cuerpo, a las oportunidades que pasan. Bobby deerfield es un personaje que viaja en un tren dentro de su coche, en una cápsula del tiempo que atraviesa los túneles oscuros de las dudas donde todo cambia, donde todo es maleable. Bobby Deerfield es uno de los primeros personajes de Pacino que comienza a reflexionar en vivo los diálogos, las palabras, que parece plantearse el mismo hecho de permanecer en la ficción, creando unos silencios extraordinariamente extraños, acompañados de esa marada sin parpadeo como de alucinado, marca de la casa. la inmersión de Pacino en estos papeles agónicos es de una profundidad que no supera la piel, o sea, aquello que se le ocurrió a Valéry: lo más profundo es la piel.
Bobby Deerfield es una película en busca de un personaje, en busca de una mujer, en busca de una sensación que le saque de la idea de la muerte. Bobby Deerfield es un suicida profesional a quien el éxito le hunde aún más en un nihilismo que le hunde en el sofá y le sigue robando el sentido de las cosas. Su alrededor mira para otro lado y su única prueba son imágenes de un coche en llamas, reflejos invisibles y fatales proyectados por un proyector que repite la realidad, pero nunca ofrece clara la evidencia. Bobby Deerfield es una película que quiso ser muchas cosas, pero que encontró un personaje: Bobby Deerfield, o lo que es lo mismo, la única verdad superviviente del film. Por eso quizás, en un arranque de honestidad, Pollack bautizó al film con el nombre de su protagonista, dotando de enigma a toda la obra.
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