SEVERANCE: EL TRABAJO ES MISTERIOSO E IMPORTANTE

 

SEVERANCE



Si Parks and recreation fue la hija lúdica y lógica de The office, Severance es una versión metafísica de la mítica ficción de Greg Daniels. Además de otras cosas. ¿Cómo llegó este proyecto a las manos de un poderoso cómico como Ben Stiller que lo mejor que había hecho -en dirección- era Un loco a domicilio (1996) y Tropic Thunder (2008)? La clave es Dan Erickson, un joven guionista que se fue abriendo paso desde 2016 con un extraño guión que llegó a Stiller y le fascinó. Lo demás ya se sabe porque se puede ver. Es lo bueno de las películas; es algo que se proyecta. Las películas se proyectan, las series se emiten. En este sentido, Severance no es una película, mas la trama principal podría ser perfectamente la de un film de ciencia ficción al estilo Gattaca (1997), Matrix (1999), Desafío Total (1990), El chip prodigioso (1987), ¡Olvídate de mí! (2004), Nivel 13 (1999), Johnny Memonic (1995) o THX 1138 (1971). Vamos, un argumento de Philip K. Dick.

Toda esta ola de influencia se debe a que Erickson nació en 1984 -¿será milagrosa coincidencia u Orwell era un verdadero profeta?- y por tanto es parte de una generación bombardeada por historias distópicas y futuristas llenas de efectos especiales y dimensiones surreales donde la tecnología toma un papel clave en el desarrollo de las historias y de la concepción del porvenir. La mente. Pero no nos quedemos ahí: el guión de Severance va mucho más allá pues sobre él domina una narrativa Kafkiana de lo más evidente, donde el protocolo burocrático y el lenguaje relacional mutan hacia un nivel deshumanizado, maquinal que convierte la vida en un chantaje continuo controlado por un poder maquiavélico de tentáculos invisibles basados en la información y la vigilancia, ¿les suena de algo? Novelas de Franz Kafka como El Castillo (1926) o La metamorfosis (1915), El proceso (1925) o América (1927) dan forma al relato de Erickson quien, aunque sea a través de películas como El proceso (1962) de Orson Wells o Amerika, relaciones de clase (1984) de Straub-Huillet, ha absorbido la esencia de un fenómeno social-laboral que se ha normalizado en nuestros días de una manera tremendamente preocupante; al menos durante la primera temporada de la serie, claro, pues como siempre, una buena idea -que siempre es la misma- se va diluyendo a medida que avanzan los capítulos, así, sólo habría que recordar la deriva de Lost, Mr. Robot. o Leftovers. Un desastre: ideas complejas y originales convertidas en dramas psicoanalíticos, ¿pero que les pasa a los guionistas norteamericanos?

La vida-pensamiento maquinal -ya profetizado por Chaplin en sus Tiempos Modernos (1936)- tiene en Severance su réplica bimilenial, añandiéndole a la ecuación el factor psicológico pavloviano (conductismo) y las enseñanzas de los regímenes dictatoriales desarrollados durante el siglo XX (autocracia). El primer factor tiene mucho que ver con el control de los estímulos tan extendido en las redes sociales y las redes laborales, ejercidas como un juego de afectos interesados donde hay premios y castigos, puntuaciones, categorías y clasificaciones. El mundo de la competencia. 


El segundo factor, la autocracia, es quizás, el más grave de todos los elementos mencionados: un sistema de sometimiento a una única voluntad destinada a un obligado fanatismo. Todo este fenómeno se recrea de forma literal en las películas homónimas The wave (1971) y The wave (2008), basadas en un estremecedor caso real de los años 60' donde un profesor de escuela convenció a su clase de alumnos en experimentar la autocracia en sus propias carnes con resultados exitosos. Nazificadores. Todo esto prueba que la psique humana es débil y maleable y que la ciencia ha descubierto -desde hace mucho más tiempo del que pensamos- que existen técnicas para controlar a las masas y reducirlas a números controlables como piezas, como cifras, como objetos desechables. Todo esto es vox populi, pero a la vez es el pan de cada día de la mayor parte de la humanidad. Pero, ¿de dónde viene esta contradicción, esta enorme paradoja existencial que en cierta forma nos hace miserables o mejor dicho, víctimas de un sistema laberíntico e invulnerable? ¿Es Severance una ficción que da respuesta a este problema universal?

Otra de las múltiples capas de Severance es su naturaleza análoga a grandes libros sagrados de la Historia: véase la Biblia (piedra angular del cristianismo) o El Capital de Karl Marx (piedra angular de la economía). Religión y dinero (poder) son dos ideas que van unidas hacia la fatalidad, dos pecados culturales que se han ido de madre y que las mentes más viles de nuestra existencia utilizan como canales de dolor y confusión. Marshall McLuhan ya lo advirtió en su Galaxia de Gutenberg (1962): Estamos hoy tan adentrados en la era eléctrica como los isabelinos ingleses lo estaban en la era tipográfica y mecánica. Y estamos experimentado las mismas confusiones e indecisiones que ellos padecieron al vivir simultáneamente en dos formas contrapuestas de sociedad y experiencia. Y si los isabelinos se hallaban irresolutos entre la experiencia de las corporaciones medievales y el individualismo moderno, es nuestro el problema inverso de vernos confrontados por una tecnología eléctrica que parece dejar anticuado al individualismo y hacer obligada la interdependencia corporativa

Casi nada.

Ahora bien: Severance es una gran metáfora, un artefacto alegórico donde las ilusiones obstaculizan el mensaje, la realidad. La tecnología es un disfraz de la ciencia para convencernos de que la Revolución Industrial terminó a finales del siglo XIX, cuando en realidad, sólo han cambiado las formas. la apariencia de las cosas. A pesar del relato oficial, ¿dónde estamos como sociedad en medio del tiempo, en medio de esa supuesta cronología donde Occidente ha progresado a la más alta y sofisticada calidad de vida? ¿no es todo una prisión, una trampa, un laberinto sin salida conocida? Decía el filósofo Gilbert Ryle -en su famoso libro El concepto de lo mental (1949)- que puedo ver qué hace el cuerpo del otro, pero no puedo observar lo que hace su mente. Nuestro interior es el último reducto de una libertad ilusoria que sólo se puede experimentar de forma íntima. Los fármacos, la comida transgénica, la contaminación, la IA y el consumo compulsivo de contenidos virtuales hacen de nuestra mente un auténtico cóctel esperpéntico donde el pensamiento no puede darse -no le da tiempo- y donde la atención (reptiliana) reacciona como un pollo sin cabeza ante infinitos estímulos vacíos, infinitas series de objetos y eventos repetidos una y otra vez. Videojuegos, pornografía, deportes, informativos... todo forma parte de lo mismo: espectáculo tóxico manipulador. Lobotomía totalitaria. Eso es lo que nos gobierna y eso es lo que domina en el mundo de Severance

En Severance ocurre como en The wave: la repetición continua de actividades absurdas, de dictámenes demagógicos, la imposición de una disciplina inquisitorial y el chantaje profesional (trabajo) crean individuos mansos y ordenados, dispuestos a cumplir órdenes y a adorar cualquier fantasía por inverosímil que parezca. Sólo así se controla el mundo y no de otra manera. Ni siquiera la guerra es una manera tan eficaz de esclavizar a una sociedad que aún cree en sus derechos y en su inviolabilidad. Corderos sacrificados. Todos los magnates tecnológicos y los autócratas sanguinarios del siglo XXI trabajan en este sentido y saben -mejor que nadie- dónde eres vulnerable: el trabajo. En un mundo precario, el dinero es una religión y quien reparte los sueldos es el que manda. El territorio laboral es hoy el campo de batalla donde todo se cocina y donde todo vale. Las jerarquías, los castigos, las venganzas, la envidia, las traiciones, las mentiras... todo se produce bajo techo en un bloque de oficinas de cualquier país, de cualquier continente. Paradójicamente, el poder ha convertido los templos laborales en metáforas cómicas, en el sentido de comedia que utilizó Dante Alighieri.

Aunque parezca extraño, Severance es una ficción nacida de ideas medievales donde la ambición política se alimenta de almas locas donde lo utópico y lo anacrónico caminan de la mano. La ficción de Dan Erickson es un poema épico-didáctico sobre la complejidad inagotable de la crueldad humana, un gigantesco anfiteatro lleno de pusilánimes y cobardes donde la malicia y la bestialidad se convierten en un sueño sin referencia; al contemplar sus imágenes nos llegan recuerdos de La naranja mecánica o Inception. No sabemos qué estamos viendo en realidad: Severance es un infierno sin memoria con tono infantil, un colegio demoniaco donde nos hacen creer que el dolor no existe, una experiencia amnésica sin retorno posible acerca de un mundo infinito donde el extravío es la normalidad y donde sólo un fragmento es suficiente para odiar al sistema. Severance es la proyección del propio sistema -se llame como se llame- a la manera minimal, conceptual -de hecho es muy evidente la influencia de cierto arte contemporáneo- y una existencia artificial de invención demonológica. El clima arcano se mezcla con la sofisticación de la estrategia: todo son símbolos para engañar a la mente y revelar teofanías mesiánicas; sobre todo en la primera temporada. Severance muestra una fase crítica de la degeneración humana donde la búsqueda de la felicidad se sustituye por la rutina, por las formas, por las órdenes. Un club de la lucha hecho para oficinistas deprimidos. Se prefiere lo infantil a la verdad. Juegos de números, pasillos vacíos, arte kitsch. Novelas de Chuck Palaniuk. 


Severance imita los itinerarios dantescos, erigiéndose como una enorme escatología (comercial) donde el destino y la Humanidad dependen de un microchip que aísla nuestra conciencia: qué hacen cuando no vemos lo que hacen con nosotros es la cuestión de Severance, ¿cómo es el mundo de las sombras, de los secretos pútridos de los titiriteros de la realidad? ¿dónde y por qué se mueven los hilos, qué ficción domina a qué otra ficción y cuál es la primera que inventó todas las demás? Espíritus dobles, bailes absurdos, regalos caprichosos, festejos sin fundamento, canciones vacías, desventuras, pasillos, escaleras, exilios, visiones y círculos, ¿pero por qué nos recuerda tanto Severance a El show de Truman (1998)? ¿Por qué una comedia protagonizada por cómicos para representar la mayor herejía cultural de nuestra civilización: el Capitalismo?




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