DONEN Y LA LOCURA: EL PRINCIPITO
¿Sombrero o Serpiente?
En 1974 Stanley Donen adaptó un libro universal publicado en 1943; todo el mundo sabe que se trata de la emblemática obra de Antoine de Saint-Exupéry. Donan que hizo casi de todo a lo largo de su carrera, se atrevió con esta fábula alegórica, dando como resultado una película mutante -inspiración del futuro Jodorowsky, todo hay que decirlo- que mezcla canciones con escenas oníricas dignas del recuerdo.
Una de ellas es en la que aparece Bob Fosse (la Serpiente) haciendo un extraño baile ondulante, espasmódico, vestido de negro, con gafas y pronunciando la ese como un ofidio. Sssssssssssssss. Todo esto delante del niño repelente (El Principito) interpretado por Steven Warner -del cuál nunca más se supo-. La cosa es que Fosse despliega una serie de gestos y movimientos que un espectador actual identifica con los de Michael Jackson. La cosa es que uno le da vueltas y se da cuenta que el cantante exhibió por primera vez su arte moonwalk en 1983 en el Pasadena Civic Auditorium de California; diez años antes, Bob Fosse ya estaba haciendo el mono de esa manera en medio del desierto del Sahara, por lo que la probabilidad de que Jackson viese ese film y le impresionara no es nada descabellado.
Por otro lado y yendo más hacia la profundidad de la película en sí, parece increíble admitir que esta historia tan fantástica de El Principito tuvo su origen a partir de un hecho muy real: Saint-Exupéry -que era piloto de pruebas-, inició un vuelo experimental en 1935 París-Saigón para batir un record de velocidad; a la altura de Libia cayeron al desierto. Pasaron cuatro días en medio de la nada con muy pocas provisiones y a punto de morir fueron recogidos por un beduino. Los pensamientos, los miedos, las alucinaciones vividas se convirtieron en el libro. De hecho en dos, pero hoy sólo hablaremos del famoso.
¿De qué trata El Principito y a qué viene su extraña forma, su disfraz de cuento de Las mil y una noches? En realidad nadie lo sabe. Donen refleja esta rara ambigüedad en sus secuencias, lanzándonos los enigmas de la obra casi intactos, dejándonos estupefactos ante esa mezcla de infantilismo y filosofía que acerca a esta ficción a las enseñanzas zen, siempre tan absurdas y tan sabias al mismo tiempo. Está claro que existe una mirada occidental (cristiana) en su tratamiento, pero es verdad que tiende más al mundo de Lewis Carrol que al de William Wyller, al menos en su aspecto moral. ¿Que enseñanza tenemos que sacar de un niño que adora a una rosa y decide viajar por el mundo para descubrir las respuestas ante los caprichos de una flor narcisista, egocéntrica? ¿Qué moraleja contiene la seducción de una boa constrictor que se enrosca en un árbol pintado de negro que promete al niño que podrá volver a su hogar si se deja comer? ¿Qué podemos sacar de la personalidad de un zorro (Gene Wilder) que le explica al niño cómo domesticarle y cuando lo consigue, el niño le abandona y el saca una extraña conclusión sobre las relaciones? ¿Qué es lo que intentaba enseñar Saint-Exupéry? ¿No se trataría más bien de las visiones de un eremita o un loco sediento sobre la Muerte, el Amor y la Amistad, visiones a su vez distorsionadas por una experiencia cercana a la verdadera muerte en la que se viese involucrado un intento de suicidio?
La cuestión es que nunca lo sabremos pues el autor murió a los 44 años en un vuelo rutinario de vigilancia en 1944, en la zona de Córcega. Su avión desapareció y se decidió oficialmente que fue un suicidio. Días después, un cadáver sin identificar -encontrado en una orilla de la Costa Azul- fue enterrado en Marsella con su nombre. Durante los años 80', varios pilotos alemanes quisieron pasar a la fama asegurando que habían derribado su avión aquel año. Veinte años después -1998- un pescador encontró su pulsera grabada y dos años después, un buceador encontró su avión sumergido a más de 80 km del lugar donde se encontró el cadáver.
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