OJOS apocalípticos o integrados


 

DEL VALLE AL OJO

 



El cine es una larga serpiente llena de bolas encadenadas que todo cinéfilo va contando -va encontrando como un monje- hasta darse cuenta de la infinitud -de la imposibilidad- de la naturaleza del cine. Hoy -que casi nada lo es- donde abunda lo audiovisual -un intruso que intenta disfrazarse de las maneras más seductores y estimulantes posibles- las referencias se pierden y el público en general es manejado por una serie de pobres formatos -e ideologías- que simulan ocupar todo el espacio de la ficción cuando -en realidad- escarbando sólo un poco y aplicando un mínimo de sensibilidad -esfuerzo + curiosidad- se encuentra en cada imagen un verdadero tesoro. Otro cine.


La película de Buñuel y Dalí de 1929, Un perro andaluz -film inaugural de lo surreal, de lo onírico, de lo experimental- parecería a todas luces el epítome de la originalidad, del ingenio -y así es considerado-, pero sólo rebobinando cinco años en la Historia del Cine nos encontramos con Die Nibelungen: Siegfried, una fantasía mitológica de Fritz Lang donde el protagonista cercena el ojo de un temible dragón de manera idéntica a cómo Buñuel corta el óculo izquierdo de una mujer en su adorado film de 1929, ¿nos llevaría ésto a establecer una jerarquía de símbolos al estilo: Dragón-mujer, cineasta-héroe, Espada mágica-Maquinilla de afeitar? Todo puede ser. La cuestión es -en todo caso- estimulante.

La cuestión es entender que todo cineasta -desde los inicios- ha tenido un campo imaginario al qué referirse. Si David Lynch se basó en los surrealistas, los surrealistas se basaron en la vieja épica, Chaplin en el vodevil y D. W. Griffith en la Biblia. Toda creación posible en una civilización tiene un referente en el pasado. Antes del cine había existido la pintura, la fotografía, la música, la historia... y todo lo que te imagines. La complejidad cultural de un proceso civilizatorio es inabarcable: el cine es el primer arte de síntesis total donde cabe todo y donde aquel que elija y ordene mejor sus elementos, generará algo nuevo. Este es el misterio de la novedad. Voilà.


 
La cosa es que hoy parece que los profesionales del medio -periodistas especializados- confunden reiteradamente lo audiovisual y lo cinematográfico. Un ejemplo: en una entrevista realizada hace unos meses en la Cadena Ser a Jose Luis Guerin con motivo de su película Historias del Buen Valle (2026), Pepa Blanes, la periodista, menciona el nombre del cineasta Michael Bay -Transformers, Armagedon- ante la estupefacción de un templado Guerin que confiesa no saber a quién se refiere. Esta escena es muy representativa: alguien utiliza una referencia de baja cultura -o cultura pop- para dirigirse a un autor de alta cultura. Resultado: cortacircuito. El fluir natural de lo cultural se interrumpe porque se utilizan falsos referentes o referentes comerciales que pueden funcionar en ciertos círculos industriales, pero que se desactivan cuando se intenta tomar contacto con lo cinematográfico. Baja y alta cultura, Unmerto Eco, toda esa mierda. Apocalípticos o integrados, ¿qué hay que revelar y qué dónde hay que integrarse?
¿qué ojo cortar? 
 
 

 
Otro ejemplo periodístico del dislate lo encontramos en un artículo del periódico El País escrito por Noelia Ramírez, la cuál se hace un lío al comentar la temporada 3 de la famosa serie Euphoria (2026), haciéndose eco -y vocera- de ciertas críticas de parte del público que no entiende -o no puede entender- que la serie se haya vuelto tan sexista y violenta. Noelia se lleva las manos a la cabeza -siguiendo ciertas opiniones de distintos críticos angloparlantes- porque cree que Sam Levinson está siendo demasiado cruel con los protagonistas de la serie. Vamos, que es un artículo-pataleta contra Sam Levinson motivado con cuatro tuits de cuatro monos hipertrofiados perdidos en el mapa de EEUU. Además le llama misógino y le acusa de todos los supuestos males de esta tercera temporada que, con mucho, es mucho más divertida y cinematográfica que las dos anteriores juntas, las cuáles, recuerdo, son una especie de Al salir de clase versión porno, donde por ejemplo, el padre de uno de los personajes viola a un trans menor de edad. Vamos, mucho más ligero que esta historia de corrupción y vicios narcóticos con los atracos de siempre, los asesinatos de siempre y con el nivel de violencia -muy Tarantino- al que tiene acostumbrada la industria a un público insensibilizado al que parece, si no le dan lo que quiere, se pone a llorar.
 

¿Y qué tiene que ver esto con los referentes o con los ojos? Pues que la amnesia general y la pérdida -cada vez mayor- de un público cinéfilo, hacen que incluso al valorar la calidad de una temporada concreta, no se tengan en cuenta ni siquiera las anteriores, idealizándolas, haciéndolas intocables cuando muchas veces -como ocurre con Euphoria 1 y 2- son básicamente basura. Y no sólo son basura, sino que son productos televisivos de alto presupuesto que personajes como Sam Levinson intentan sofisticar para darle un empaque cinematográfico, lo cuál es un logro en una industria que hace series como rosquillas, intentando ahogar la inteligencia de un público cada vez más mermado y ajeno al juego de la ficción. ¿Hubiera sido acusado de ultraviolencia por Noelia Ramírez el señor Buñuel o el señor Fritz Lang por rebanar ojos? ¿O hubiera sido acusado Jose Luis Guerin por una supuesta misoginia al realizar en su día Innisfree (1990) basada en la polémica El hombre tranquilo (1952) de John Ford? ¿Y por qué es tan llamativo que Pepa Blanes sólo compare la nueva película de Guerin con la ya mentada Innisfree y con su archiconocida En construcción (2001), teniendo películas como La academia de las Musas (2015) o En la ciudad de Sylvia (2007) tal vez más afines, más fácilmente conectables?


¿Será que falta originalidad en la crítica cinematográfica española? ¿será que la crítica televisiva vive en el fondo del infantilismo desde las crónicas de Michi Panero? ¿Será que la falta de criterio y la infravaloración de la cinefilia ha llegado a ser un problema sociocultural y parece que sólo lo que aparece en cartelera es digno de verse y comentarse? ¿Se habrá roto la cadena civilizatoria, experiencial, cinematográfica? Vean la entrevista de Guerin y solventarán todas sus dudas. Vean sus películas. El cine va mucho más allá que Michael Bay, la ficción es algo más que Euphoria. Que los ofendidos se ahoguen en sus bañeras de plástico. Ni apocalípticos ni integrados: viva el amor por las cosas verdaderas, por el cine.
Y punto.
Vale.
 

  

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