EL INFORME DARTY: LAS PREGUNTAS DE GAUGUIN


 
Una película sobre una pregunta,
una pregunta sobre una imagen,
una imagen sobre un negocio... 



En 1989 la empresa francesa Darty le encargó a Sonimage -productora de J-L. Godard- una especie de video corporativo para analizar dos cosas: ¿Qué era Darty? y ¿Hacia dónde iba Darty? -lo cuál hace que automáticamente Godard recuerde un famoso cuadro de Gauguin de 1897-. En realidad todo era una cuestión de vanidad: la cadena de electrodomésticos había crecido desmesuradamente en muy poco tiempo -debido al comienzo del consumismo salvaje de finales de los 80'- y quería que Godard -un prestigioso cineasta- realizase un cuento de hadas, una fábula sobre el éxito con el nombre de Darty como protagonista. El suceso fue que Godard y Mieville -su compañera cineasta- le pidieron dos millones de francos para hacer la pieza y, sin rechistar, se lo dieron. 

A partir de aquí comienza una historia harto inverosímil -pero real-, en la que Darty les deja filmar dentro de sus tiendas, retratar a sus empleados, a sus negociantes, a sus camiones, el interior de los almacenes y a cualquiera de sus clientes. Con todo este amasijo de imágenes aburridas y cotidianas, Godard/Miéville montan un discurso postestructuralista, muy a lo Baudrillard, donde una voz llamada Clío (la diosa de la historia y la retórica) conversa con un robot tartamudo y torpe sobre las imágenes parpadeantes que llenan la pantalla: reflexiones sobre el trabajo, sobre el falso deseo o deseo generado, sobre el engaño como negocio y el negocio como método dogmático -sectario- donde los vendedores pierden su humanidad para conseguir comisiones vendiendo garantías innecesarias y préstamos injustos.

 
El informe Darty (Le rapport Darty) es un collage de imágenes e ideas, un entremés filosófico sobre las relaciones económicas del liberalismo, las relaciones de intercambio practicadas en el Mercado Libre de Occidente, basadas en el enfrentamiento del pueblo entre sí, de los trabajadores entre ellos mismos. Alienación de la clase baja. Se presiona al vendedor para que presione al comprador, por lo que los propietarios quedan disimuladamente limpios de toda violencia mercantil, cuando en realidad son el origen del mal, del chantaje. Toda cadena comercial funciona hoy de esa manera: acoso y derribo, publicidad engañosa, provocación del miedo mediante la venta de seguros -de todo tipo- y apariencia de abundancia y prosperidad. Cámaras de video, frigoríficos, lavadoras, microondas... hoy la tecnología de alta gama (móviles, ordenadores y todo tipo de gadgets) sigue siendo el cebo de una sociedad idiotizada por las máquinas.
 
 


Este tipo de ficciones críticas tiene una vinculación directa a las Histoire(s) du cinema -comenzadas en el 88-, The Old Place (2000), Vrai faux passeport (2006), Carta a Freddy Buache (1982) o Soft and Hard (1988), piezas muy poco conocidas pero de una intensidad abrumadora y un experimentalismo humanista que sirven de tubos de escape a un tipo de función que el cine a veces olvida practicar -la pura libertad-, artefactos que explotan por todos lados, ensayos breves que más tarde cristalizan en obras mayores, en pensamientos enormes y complejos.


 
Una de las grandes preocupaciones de Godard a lo largo de su carrera fue la pregunta de ¿para qué sirve el cine?, o sea, el dilema wittgenstaniano de ¿para qué sirve el lenguaje? ¿qué funciones tiene?
Se sabe que el filósofo austriaco dio como solución su libro Investigaciones filosóficas (1953), una especie de compendio sobre esbozos de respuestas y ejercicios donde se demostraba que el lenguaje no tiene una única función sino múltiples. De alguna manera Godard demostró con el cine algo parecido: se podía construir cualquier tipo de discurso con las imágenes y se podía establecer una relación con el otro a través de sonidos y fragmentos visuales.


En El informe Darty nos vemos reflejados como en un espejo transparente donde las imágenes van y vienen y donde todo se mezcla. El caos es la materia esencial utilizada por Godard/Miéville a la hora de transmitirnos su mensaje, que nunca es único. El cine rebelde, el cine ladrón, el cine francotirador, el cine marginal y el cine de reciclaje es un océano donde Godard campa a sus anchas y desarrolla un estilo que nunca se olvidará que creará escuelas de subversivos de aquí a un milenio. Pensamiento en movimiento, ideas sonoras, anarquía e inteligencia para hundir la imagen de una corporación que se siente invulnerable, pero que algo tan inútil como el cine, la hace tambalear. 




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